
En verde, Tepeuxila; de negro, Tlacolula; en amarillo, San Andrés y de azul, Teponaxtla. Son las comunidades que primeramente saldrán afectadas por la concesión que se ha hecho de la tierra comunal para la explotación de diversos minerales que se encuentran depositadas por la naturaleza. La concesión es por 50 años, de 2006 al 2056. El predio se llama Raquelita I, en el cual en estos momentos la empresa canadiense Minerals Almaden Ltd. está realizando estudios de prospección para saber que cantidad de oro hay en las rocas de estos suelos.
2008: el fallecimiento de la globalización neoliberal
La Jornada. Sábado 16 de febrero de 2008.
Immanuel Wallerstein
La ideología de la globalización neoliberal ha estado en boga desde principios de los años 80. No era, de hecho, una idea nueva en la historia del sistema-mundo moderno, aunque reivindicó serlo. Más bien era la muy vieja idea de que los gobiernos del mundo debían dejar de estorbarle a las grandes y eficientes empresas en sus esfuerzos por prevalecer en el mercado mundial. La primera implicación de política pública era que los gobiernos, todos los gobiernos, debían permitir que estas corporaciones cruzaran libremente todas las fronteras con sus bienes y su capital. La segunda implicación de política pública era que los gobiernos, todos los gobiernos, debían renunciar ellos mismos a cualquier papel de dueños de estas empresas productivas, y privatizar así todo lo que poseyeran. Una tercera implicación era que los gobiernos, todos ellos, debían minimizar, si no eliminar, todos y cada uno de los diferentes pagos de transferencia por seguridad social a sus poblaciones. Por ciclos, esta vieja idea siempre ha estado de moda.
En los años 80, estas ideas fueron propuestas para contrarrestar a las también viejas visiones keynesianas y/o socialistas que habían prevalecido en la mayoría de los países del mundo: que las economías deberían ser mixtas (el Estado más las empresas privadas); que los gobiernos deberían proteger a sus ciudadanos de las corporaciones cuasi monopólicas propiedad de extranjeros; que los gobiernos deberían intentar ecualizar las oportunidades de vida transfiriendo beneficios a sus residentes menos afortunados (especialmente en los niveles de educación, salud y garantías de ingreso a lo largo de la vida), lo que requeriría, por supuesto, fijarle impuestos a los residentes más acomodados y a las corporaciones.
El programa de globalización neoliberal sacó ventaja del estancamiento mundial de ganancias que vino tras el largo periodo de expansión global sin precedentes posterior a 1945 y que abarcó hasta principios de los años 70, el cual impulsó la visión keynesiana o socialista de dominar las políticas públicas. El estancamiento de ganancias creó problemas en el balance de pagos para un número muy grande de gobiernos en el mundo, especialmente en el Sur global y en el llamado bloque socialista de naciones. La contraofensiva neoliberal fue encabezada por los gobiernos de derecha de Estados Unidos y Gran Bretaña (Reagan y Thatcher) más las dos principales agencias financieras intergubernamentales –el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial–, y estas instancias, juntas, crearon e impusieron lo que vino a ser conocido como Consenso de Washington. El lema de esta política conjunta fue acuñada por la señora Thatcher: TINA, siglas para “There Is No Alternative” (No hay alternativa). El lema intentaba transmitirle a todos los gobiernos que tenían que cumplir con el lineamiento fijado por las recomendaciones de política pública, o ser castigados con un lento crecimiento y la negación de toda ayuda internacional ante cualquier dificultad que pudieran enfrentar.
El Consenso de Washington prometió un crecimiento económico renovado para todos y una salida del estancamiento global de ganancias. A nivel político, los proponentes de la globalización neoliberal tuvieron mucho éxito. Gobierno tras gobierno –en el Sur global, en el bloque socialista y en los fuertes estados occidentales– privatizó las industrias, abrió sus fronteras al comercio y a las transacciones financieras, y recortó el Estado benefactor. Las ideas socialistas, aun las keynesianas, fueron desacreditadas en la opinión pública y las elites políticas renunciaron a ellas. La consecuencia visible más dramática fue la caída de la Unión Soviética y los regímenes comunistas de Europa central y del este, más la adopción de políticas amigables con el mercado por parte de la todavía denominada China socialista.
El único problema con este gran éxito político fue que no pudo igualarlo el éxito económico. Continuó el estancamiento de ganancias en las empresas industriales del mundo. La repentina alza en los mercados bursátiles en todas partes no se basó en ganancias de la producción sino en las manipulaciones especulativas financieras. La distribución del ingreso a escala mundial y en los diferentes países se volvió muy asimétrica, un incremento masivo en el ingreso de 10 por ciento superior y en especial de uno por ciento más elevado de la población mundial, y una caída en el ingreso real para el resto de las poblaciones mundiales.
La desilusión con las glorias del “mercado” sin restricciones comenzó a ser visible a mediados de los 90. Esto pudo observarse en varios planos: en muchos países regresaron al poder gobiernos más orientados hacia el bienestar social; hubo nuevos llamados –especialmente por parte de los movimientos laborales y las organizaciones de trabajadores rurales– a que los gobiernos emprendieran políticas proteccionistas; creció a escala mundial un movimiento altermundista cuyo lema es “otro mundo es posible”.
La reacción creció lenta pero constantemente. Entretanto, con el régimen de George W. Bush, los proponentes de la globalización neoliberal no sólo persistieron sino que incrementaron su presión. El gobierno de Bush pujó simultáneamente por una distribución del ingreso más distorsionada (mediante grandes recortes fiscales para los más acaudalados) y por una política exterior de militarismo unilateral macho (la invasión de Irak). Financió esto mediante una fantástica expansión de préstamos (un endeudamiento) con la venta de bonos del Tesoro estadunidense a quienes controlan las existencias mundiales de energía y las instalaciones de producción a bajo costo.
Se veía bien en el papel, si sólo se fijaba uno en las cifras de los mercados bursátiles. Pero era una burbuja de crédito superlativo condenada a estallar, y ahora está estallando. La invasión de Irak (más Afganistán y Pakistán) está demostrando ser un enorme fiasco político y militar. La solidez económica de Estados Unidos cae en el descrédito, lo que ocasiona una radical caída del dólar. Y los mercados bursátiles del mundo tiemblan conforme confrontan el pinchazo de la burbuja.
¿Así que cuáles son las conclusiones de política pública que extraen los gobiernos y las poblaciones? Parece haber cuatro en curso. La primera es el fin del papel que tenía el dólar estadunidense como divisa de reserva para el mundo, lo cual hace imposible continuar la política de superendeudamiento del gobierno de Estados Unidos y de sus consumidores. La segunda es el regreso a un alto grado de proteccionismo, tanto en el Norte como en el Sur globales. La tercera es el regreso a la adquisición estatal de las empresas que fracasan y la implementación de medidas keynesianas. La última es el retorno a políticas redistributivas más enfocadas al bienestar social.
La balanza política oscila de regreso. De aquí a 10 años se escribirá acerca de la globalización neoliberal como un oscilamiento cíclico en la historia de la economía-mundo capitalista. La cuestión real no es si esta fase terminó sino si el retorno pendular podrá restaurar, como en el pasado, un relativo equilibrio en el sistema-mundo. ¿O se habrá hecho ya demasiado daño? ¿Estaremos en un caos más violento en la economía-mundo y como tal en el sistema-mundo como un todo?
Traducción: Ramón Vera Herrera
© 2008. Immanuel Wallerstein
ENCUENTRO DE “LA OTRA CAMPAÑA” EN OAXACA.
“La palabra indígena es lo que nos oprime, la palabra indígena será la que nos libere.”
Reunidos los días 4, 5 y 6 de Octubre en los valles centrales de Oaxaca las cominidades, grupos y naciones: Maya, Chol, Tzeltal, Tzotzil, Zapoteco, Mixe, Mixteco y Cuicateco de los estados de Yucatán, Campeche, Tabasco, Chiapas y Oaxaca. Presentaron sus respectivos análisis y acuerdos a los que llegaron en la subsede de Oaxaca. Este es un breve resumen de lo que expusieron la tarde del 13 de Octubre el Encuentro de Pueblos Indios de América.
Como vemos y vivimos los pueblos originarios la guerra de conquista capitalista.
“Nuestro territorio, es donde están nuestros muertos, donde nacimos, donde están enterrados nuestros ombligos, hemos desarrollado nuestra raíz y la memoria de la vida de nuestros antepasados.”
Dentro del análisis que presentaron nuestros hermanos indígenas en la subsede de Oaxaca destacan el despojo de tierra, territorio e identidad cultural de los pueblos indígenas. A si como la desinformación por parte de los medios masivos de comunicación y su constante ataque a las formas de ser de nuestros pueblos. También se manifestaron en contra del PROCEDE y el PROCECOM que están legalizando la apropiación de la madre tierra, nuestros recursos, del suelo y bajo de el. Nuestros saberes y conocimientos los quieren patentar y ponerles precio.
La tierra no se vende, por que es nuestro sustento, nos da de comer y se le respeta por que no es mercancía. Los dueños del dinero a veces no tienen nombre por que se esconden en eso que se llama sociedad anónima. Una forma de avasallamiento es a partir de sus constantes promociones, de sus productos industrializados y lo único que persiguen es hacernos creer que si nos vestimos, comemos y actuamos como ellos vamos a ser mejores. Su educación es ajena a nuestros usos y costumbres y as leyes se ajustan para poder explotarnos y despojarnos.
El gobierno solo quiere vender las tierras y comercializar sus recursos Sin importar si la madre tierra se muere o se contamina, dejando a su paso destrucción y muerte. Menospreciarían nuestros productos y los llaman artesanías y no valoran el tiempo y ni el sentido de ellos, permitiendo la introducción de copias mal hechas y a bajo costo para así derrotarnos y convertirnos en mano de obra barata.
Utilizan a los diferentes partidos políticos para dividir a nuestros pueblos con prácticas que destruyen la unidad de nuestras comunidades. Uno de los fenómenos es la alta marginación de nuestros pueblos que se expresa en la migración al vecino país del norte lo cual no deja de ser tampoco parte de la penetración y enajenación
“Somos dueños de nuestra palabra y nuestro pensamiento y debemos usarlos cuando sea necesario siempre que quieran pasar por encima de nuestros derechos.”
De nuestra lucha y resistencia:
“Los pueblos indígenas del sur sureste de México enfrentamos despojo, explotación represión, coyotaje, discriminación, intimidación, amenazas, etc. nos fabrican delitos y violan nuestros derechos esta es la política que obedece a lo capitalistas.”
“Desde hace más de 500 años estamos luchando una guerra contra de la invasión, el despojo y la profanación de nuestra cultura en todas sus manifestaciones.”
“Mantenemos viva la lucha por la defensa de nuestros recursos naturales, por la defensa de los usos, costumbres y lengua indígena. Conservar, preservar, rescatar y fomentar nuestras lenguas maternas, las vestimentas, las danzas, la medicina tradicional la guelaguetza, el tequio, etc. como referentes de nuestra identidad por la resistencia frente a la guerra de exterminio.”
“Luchamos por el reconocimiento y el respeto a nuestros derechos como pueblos originarios, por el derecho a la energía eléctrica y al gas domestico. Por el derecho a la educación superior como forma de desarrollo para nuestras comunidades y no la desculturizacion como sucede actualmente con los planes de estudio de la SEP.”
Como y con quienes luchar.
“Autogestión, autosuficiencia alimentaría como método de resistencia, concientizar a nuestros hermanos indígenas, de las diferentes organizaciones políticas sociales o religiosas sobre la importancia de nuestra lucha, la ayuda mutua entre hermanos pueblos originarios. Defender nuestro derecho a la educación como arma fundamental de nuestra lucha por liberarnos basada en nuestra cosmovisión de cultura milenaria.”
Propiciar encuentros entre nuestros pueblos con la finalidad de encontrar alternativas encaminadas a la defensa de nuestra madre tierra o territorios. Buscar soluciones y mecanismos para evitar los desalojos. Buscar y explicar deferentes tácticas de lucha para evitar la intromisión del gobierno.
Demandas y exigencias.
“Libertad inmediata e incondicional a los y las presas políticas, ecologistas, luchadores sociales, de Tacotalpan Tabasco, de palenque Chiapas, del EZLN, Nacajuca Tabasco, Campeche, Yucatán y de la comunidad de San Isidro Aloapan.”
Liberación de los presos indígenas de Playas de Catzajá en Chiapas, Gregorio Cruz y Álvaro cruz. Libertad a todos los presos políticos de los pueblos indios de América, cancelación de órdenes de aprensión por delitos prefabricados por grupos paramilitares. Justicia y paz a los compañeros de la zona norte del estado de Chiapas, cumplimiento de las demandas de los desplazados de la zona norte de Chiapas.
Cese a la persecución de Raúl Gatica y cancelación de la orden de aprensión en contra de Dolores Villalobos Cuamitzi del CIPO RFM, al grupo solidario de la venta del Istmo de Tehuantepec, de la comunidad de Nueva Tila de Ocosingo Chiapas, cancelación de ordenes de aprensión de nuestros compañeros de l ejido de Oxcúm municipio de Umán Yucatán, San Isidro Aloapan, declaración de la suspensión de la explotación minera petrolera y de los bosques de territorios indígenas de México. Suspensión del convenio con la empresa minera de san Sebastián Tlacolula municipio de San Juan Tepeuxila distrito de Cuicatlan Oaxaca., no al pago de la luz eléctrica.
El experto abrió el ciclo de conferencias del SITAC en el Centro Cultural Tlatelolco
Podemos dar la vuelta y parar la inequidad en el mundo: Harvey
La Jornada, Enero 26 de 2008.
· Se necesita impulsar un movimiento social coherente a escala internacional, dice a La Jornada
· Nada hacemos por crear la ciudad en la que nos gustaría vivir con libertad y seguridad, advierte
· “El análisis y la solución de los problemas no deben dejarse a los políticos y los economistas”
David Harvey, la noche del jueves, durante la conferencia magistral que el geógrafo y crítico social británico dictó en la apertura de los trabajos del sexto Simposio Internacional de Teoría sobre Arte Contemporáneo.
La situación del mundo neoliberal caracterizado por el aumento de la pobreza y el daño al medio ambiente pueden cambiar, pero es necesario crear un movimiento social coherente a escala internacional, advierte en entrevista el geógrafo y crítico social británico David Harvey, quien este jueves abrió el ciclo de conferencias del sexto Simposio Internacional de Teoría sobre Arte Contemporáneo (SITAC) en el Centro Cultural Tlatelolco.
Harvey (Gran Bretaña, 1935) asiste al encuentro, cuyo tema es What’s left… What remanins?/ Lo que nos queda, como uno de los principales teóricos de la actualidad de la relación entre las ciudades –su construcción y reconstrucción– y los movimientos sociales. Entre sus preocupaciones figuran dos de manera especial: la inequidad social y las presiones sobre el medio ambiente provocadas por el capitalismo.
“Los niveles de inequidad social se han acelerado dramáticamente en todo el mundo. Por ejemplo, en China hoy existen personas muy ricas y eso no era el caso hace 20 años; antes no se encontraban muchos mexicanos en el mundo de los multimillonarios o en las listas de los más ricos, y ahora tienen el honor de tener al hombre más rico del planeta, Carlos Slim; en Estados Unidos hace unos meses alguien ganó 1.7 billones de dólares en Wall Street. Estas cosas son inconcebibles y tienen que detenerse.”
Las consecuencias del aumento al parecer imparable del empobrecimiento son “una inseguridad increíble; tenemos demasiada actividad criminal, problemas de drogas, pero no hacemos nada por crear la ciudad en la que nos gustaría vivir, un lugar para caminar libremente y sentirnos seguros. Me gustaría ver un mundo donde esto sea confrontado y reconstruido en torno a una organización social diferente”.
Esfuerzo internacional
El capitalismo ha creado también una fuerte presión sobre el medio ambiente. El jueves, durante la conferencia en el SITAC, “hablé de cómo el capitalismo siempre expande sus actividades y aumenta y aumenta la presión sobre el medio ambiente al explotar los recursos naturales. Hoy tenemos muchos problemas ambientales serios a los que hay que poner atención: la degradación de la tierra, la calidad del aire, el calentamiento global, el agua”.
Pero es posible cambiar las cosas, sostiene Harvey, profesor de la Universidad de Nueva York: sí, reconoció, no es algo que vaya a ocurrir de un día para otro, pero se puede pensar de la forma opuesta.
“Nunca hubiera imaginado en 1980 que estaríamos donde estamos. Ha habido una revolución transformadora en los pasados 30 años, aunque en la dirección equivocada, pero podemos dar la vuelta e ir aún más rápido en la dirección correcta.
“Se puede lograr, pero va a necesitar de un movimiento social coherente, tiene que ser internacional y eso crea muchas dificultades. No se pueden resolver los problemas de México, por ejemplo, sin resolver los de Estados Unidos: eso requerirá de mucha colaboración internacional.”
Con lo ocurrido en los años recientes estoy convencido de que es posible provocar ese cambio en 10 o 15 años, añadió el autor de El nuevo imperialismo.
“Puede ocurrir rápidamente en un periodo razonable, de una generación. Tu generación es la que deberá hacer esos cambios.”
Sobre quién liderará esos cambios, responde: “primero habrá que ver las formas en que esos movimientos sociales pueden colaborar entre sí y a partir de ahí analizar qué clase de liderazgo o estructura del pensamiento puede emerger.
“No soy un organizador, pero me gusta hablar a los que participan en esos movimientos sociales, hacerles estas preguntas y crear una postura crítica, porque no podemos dejarles el análisis y la solución a los políticos o los economistas, en ello deben participar todas las profesiones.”
Y Harvey es un ejemplo: es geógrafo y, justamente, su próximo libro versa sobre la contribución de la geografía al pensamiento político y cómo cambiar el mundo: “No es posible hablar de los cambios en las superficies geográficas sin hablar de los procesos políticos y económicos. Miro el paisaje y veo el producto de las fuerzas de clase, de la política de clases y las luchas sociales”.
Una lucha de clases en la cual los contendientes se transforman continuamente: ahora hay cambios radicales en la clase alta, se construye a partir de sus alianzas con el poder económico y político y esos posicionamientos están cambiando. Mencionó de nuevo a Slim, “quien hace 20 años no estaba ahí”, pero a la par de esta reconstitución también emerge una nueva clase social dentro de la clase trabajadora, especialmente en ciudades muy grandes donde hay mucha conciencia política.
“Debemos repensar y estar alertas a los procesos de formación de clases y después preguntarnos cómo podemos construir un movimiento de clases alrededor de estas nuevas clases y crear un movimiento más coherente en contra de la clase de Carlos Slim o Bill Gates que está ganado tanto poder.”
–¿Es optimista o pesimista?
–Eso depende del día de la semana.
Raúl Zibechi
El pueblo mapuche, de pie
Una larga huelga de hambre de cinco presos políticos mapuche, rodeada de importante solidaridad, parece estar mostrando la profundización de la larga lucha de un pueblo por la recuperación de sus tierras y el control de sus territorios.
Según el historiador Víctor Toledo Llancaqueo, el actual movimiento mapuche que emerge en los años 80, en la etapa final de la dictadura de Augusto Pinochet, “ha protagonizado por lo menos tres grandes ciclos de movilizaciones por sus derechos”.
El primero se registró bajo la dictadura con el objetivo de defender las tierras comunitarias. Luego, al comienzo de la transición democrática, en 1989, se realizó el acuerdo de Nueva Imperial por el cual la Concertación se comprometió a impulsar una nueva ley indígena a cambio de que los mapuche renunciaran a la movilización. Muchos temían, señala Toledo, que se repitiera el proceso de tomas de tierras masivas que se dio de 1970 a 1973 durante el gobierno de Salvador Allende.
En respuesta a la cooptación que supuso ese acuerdo, nace en 1990 el Consejo de Todas las Tierras que exige autonomía y participación política y realiza tomas simbólicas de tierras. En 1992, el gobierno detiene a 70 comuneros y los acusa de “delincuentes”, y la justicia procesa a 144 mapuche por “usurpación” y “asociación ilícita”. El proceso estuvo plagado de vicios y fue considero una aberración jurídica.
Hacia 1997 se abre un nuevo ciclo a través del estallido de múltiples conflictos que afectan a las grandes empresas forestales y de energía. El Estado, aliado incondicional de las empresas, ve desbordada su política indígena, ya que las dos organizaciones estatales de asistencia (la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena y el Fondo de Tierras y Aguas Indígenas) colapsan al no poder responder a las demandas de las comunidades. Sin política y sin querer conceder derechos, el gobierno endurece la represión.
El caso Ralco (1997), megaproyecto energético en tierras mapuche en el Alto Bío Bío, supuso un parteaguas, ya que el gobierno violó la legislación para echarlo a andar. “El murallón de Ralco levantó una frontera política entre los mapuche y el Estado”, asegura Toledo. Ese mismo año, el caso Lumaco, 2 millones de hectáreas de plantaciones forestales artificiales y una planta de celulosa, se convirtió en “un enclave que ha transformado la geografía y el poder en el sur del país, alterando el medio ambiente y empobreciendo a las regiones”.
Forzado a la movilización ante la inexistencia de vías legales para el pueblo mapuche, el movimiento se fortalece y despliega iniciativas culturales, artísticas y de medios de comunicación propios. Surgen nuevas organizaciones territoriales como la Coordinadora Arauco Malleco y la Asociación Nankucheo de Lumaco. Fruto de la movilización se recuperan tierras, a tal punto que los fondos estatales de compras de tierras para las comunidades pasan de 5 millones de dólares en 1995 a más de 30 millones en 2001, bajo el gobierno de Ricardo Lagos.
Nuevamente la respuesta a esta nueva oleada de movilizaciones fue la criminalización de la protesta. Se abrieron procesos ante la Justicia Militar durante 2000 y 2001, hasta que a fines de este año se comienza a aplicar la Ley 18314 o Ley Antiterrorista, en el contexto del clima generado por los atentados del 11/9 en Estados Unidos. Se combina represión con labores de inteligencia y cooptación de la intelectualidad indígena.
Entre noviembre de 2001 y octubre de 2003 son procesados 209 mapuche sólo en la región de la Araucanía, mientras cientos son detenidos en manifestaciones, golpeados y maltratados. Según Toledo, se trata de una verdadera guerra sucia.
En noviembre de 2004 los mapuche ganan una batalla jurídica en un terreno en que no cosechaban más que derrotas. Uno pilar de la criminalización de la protesta se desmorona ante la estrategia de los defensores que demuestran que “terrorismo” no son daños a bienes, sino “desprecio de la vida humana o poner en peligro el orden constitucional”. Los incendios y lanzamientos de artefactos, medios que utilizan las comunidades, no pueden ser considerados terrorismo. Los acusados son absueltos.
Con el gobierno de Michelle Bachelet (1996) las cosas no cambiaron. La represión se mantiene intacta, aunque ya no se aplica la Ley Antiterrorista. “El movimiento mapuche logró sortear los embates de la criminalización, con movilización social y una activa apelación al sistema internacional de derechos humanos, abriendo oportunidades para un cambio de marco de la política indígena y profundización de la democracia”, sostiene Toledo.
Iván Llanquileo, lonko de la comunidad Juana Millahual, quien estuvo preso dos meses y fue puesto en libertad el 9 de noviembre, sostiene que a partir de las luchas de 1997 “se pasa a otra etapa, que consiste en entrar a un fundo, trabajar, defenderlo y ejercer control territorial”. A través de la acción directa, su comunidad ha conseguido recuperar cientos de hectáreas de las 10 mil usurpadas por los colonos y traspasadas luego a las forestales.
En esta nueva etapa ya no se ocupan las tierras de forma simbólica como a comienzos de los 90, sino de forma permanente y para producir su vida cotidiana. Ya no piden tierras, sino territorio. Esto los lleva a un enfrentamiento frontal e inevitable con las multinacionales de la minería, la energía y el papel. Aseguran que no tienen otra opción y se definen como “un pueblo que se resiste a desaparecer”. La Coordinadora Arauco Malleco, que se declara “anticapitalista, antimperialista y libertaria” asegura que está “en una coyuntura histórica de extinción o continuidad cultural, social y territorial, es decir, entre la vida o la muerte de nuestro mundo mapuche” .